REVISTA DE ESTUDIANTES DE COMUNICACIÓN SOCIAL
SETIEMBRE 2004 | AÑO I | Nº0

SONRÍA, LO ESTAMOS FILMANDO

CÁMARAS OCULTAS ¿SÍ O NO?

En el marco de la asignatura Periodismo Televisivo IV surgió el debate de los alcances, positivos y negativos, de la utilización de las cámaras ocultas como recurso válido para la investigación periodística. Nos resultó interesante acercarles las reflexiones y comentarios surgidos dentro de esta materia a partir de los informes televisivos presentados en el programa "Zona Urbana" de Ignacio Álvarez y sus posteriores derivaciones políticas y judiciales.

Cada vez las personas transitan por más lugares donde las cámaras de diferente tipo vigilan sus comportamientos. Es como si existiera un Gran Hermano que estuviera permanentemente controlando a la sociedad, aun cuando nadie supiera de su existencia. Hay cámaras en comercios, en grandes y pequeñas empresas, en edificios públicos y privados, sobre la Avenida 18 de Julio para detectar la posible presencia de arrebatadores y en los estadios de fútbol para registrar focos de violencia; hay cámaras visibles que irónicamente te advierten "Sonría, lo estamos filmando", hay cámaras ocultas que todos saben que están pero nadie conoce dónde; hay cámaras que registran a los clientes, otras toman al personal para detectar irregularidades. En cualquier caso, sólo los altos mandos (directores, jefes de personal o encargados de vigilancia) acceden al material. Es necesario pues hacer una primera distinción entre cámaras (ocultas o no) de uso interno y privado, con objetivos de vigilancia y cuya colocación compete a la empresa correspondiente, de las cámaras ocultas que se introducen en algún lugar para registrar imágenes con fines periodísticos. Para esta labor, el uso de cámaras ocultas como herramienta de trabajo es una eterna cuestión de debate vinculada a un problema ético. No existe una respuesta unánime sobre la validez de su utilización pues la frontera entre una opción y otra es demasiado estrecha.

Para el periodista Barret Puig las cámaras ocultas son útiles pero su uso debe ser "controlado y sometido a gente que las maneje éticamente". Según comenta, lo primero que hay que preguntarse es quién las usa y con qué fin. Es preciso reconocer "si lo que se procura denunciar es un acto de interés público que atañe a toda la sociedad o un acto de intimidad que toca la vida privada de una persona." Puig considera que en el primer caso el uso es válido y en el segundo no. Por ejemplo, si un funcionario público es grabado cuando recibe una coima o es captado entregando una libreta de conducir a alguien que no está capacitado para recibirla, entonces sí es correcto el uso de la cámara oculta. Lo contrario ocurre si la misma cámara filma a la mujer de un carnicero engañándolo con un amante. ¿Y qué ocurre si una filmación muestra al presidente de la República (persona pública) golpeando a su esposa? Para Barret Puig "sigue siendo un acto de carácter íntimo que no concierne al interés general de la sociedad".

El periodista aporta otro detalle para el debate al expresar que "aún en el caso de que el interés de la denuncia sea público, siempre va a quedar la duda de si lo que se mostró es una edición destinada a perjudicar a una persona". "¿Quién garantiza que la escena divulgada no fue sacada de contexto?", se pregunta. Efectivamente, la selección de fragmentos puede no representar fielmente toda la situación. Ejemplifica Puig: "viene una persona intentándome coimear y me dice "tomá este regalito". Yo lo abro, veo que es dinero y le digo "no"... Si sólo editan la primera parte, me están inculpando." Puig también afirma que la mala calidad de la imagen es otro elemento que puede ir en desmedro de la fidelidad de la denuncia. La pregunta es: ¿quién asegura que no hubo una simulación de la escena o una representación ficticia... ?

De todos modos, el punto de mayor controversia radica en la decisión de emitir el material que deje en evidencia a un ser querido o a alguna persona vinculada al canal. La resolución recaerá sobre el periodista / productor o en los directores del medio. Según Puig, entran en juego los criterios de esos responsables: "un director puede decir "mi ética dice que hay que hacer un lugar (para la cámara oculta)" y otros dirán "mi corazón dice que no lo puedo hacer"..." El periodista, por ende, "nunca es totalmente independiente" y la respuesta en todo caso navega entre el interés general de la sociedad y los intereses personales del periodista y comerciales del medio. "La TV es proclive a prohibir aquello que puede perjudicarla comercialmente", expresa Puig.

Resumiendo, para el periodista entrevistado la cámara oculta es válida en la medida que se use con rigor periodístico. A la hora de decidir se debe considerar quién la usa, cuáles son sus motivos y si representa en forma fiable o no la situación. Esta no es la verdad última. En la vereda de enfrente están quienes sostienen que no es correcto que el periodista engañe al esconder su instrumento de trabajo para conseguir información. No es ético y además disminuye la credibilidad del profesional. El debate, pues, sigue en pie.

Sebastián Rebellato

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